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Paro a descansar y me encuentro. Estoy cansada de correr, mi vida una carrera contrarreloj en la que nunca nada es suficiente. Más minutos, más metas, y en la cabeza ese refrán de "quien mucho abarca" atenazando las inseguridades. Por más que corro nunca consigo adelantarme, al final siempre sigo ahí lista para exigirme el resto, para señalar las faltas, para inventariar los fallos. Rellenando la vida de tareas como si fuera un pavo, sin darme cuenta de que al final sólo es relleno. El vacío sigue ahí, en el centro del pecho, en cada respirar ardiendo como nada. Un nuevo día amanece y de nuevo echo a correr, pero al final no conseguiré dejarme atrás.

Las sonrisas se suceden como se suceden los días, porque así es la naturaleza de las cosas y porque tiene que ser así. Finjo no darme cuenta que cuesta más no llorar por tonterías. Estás más sensible, dicen, y me suena a eufemismo cuando lo que quiere decirse es que estás más triste. O simplemente es que se rompió la coraza de tanto usarla. Finjo no darme cuenta de la soledad, miro para otro lado mientras sigo corriendo y rellenando minutos con tantas cosas que ya ni puedo contar.

Por favor, páreme aquí mismo y déjeme bajar. Sé que no es mi parada, ni siquiera tengo idea de dónde estoy pero necesito respirar el aire contaminado de la calle, necesito andar llegando tarde, tardar andando, cerrar los ojos y escuchar el mundo mientras corre sin mi. Déjeme aquí, abra las puertas, no puedo correr más. No puedo permitirme llegar tan rápido a las metas porque al final no hay nadie allí esperando, sólo más motivos para correr, menos razones para quedarme.

Maybe I only need someone to love me inside out. O quizá sólo necesite dejar salir el vacío sin maquillar. Maybe I just need noone else. Y dejar que la marea se lleve los naufragios que atesoro para no dejar de sentir. Quizá sólo necesito dejar de correr, pero no puedo fingir que eso sea fácil. Ni posible.

Esto estaba guardado como borrador del día 10 de mayo. No he cambiado ni una coma, y releyendo creo que tampoco ha cambiado mucho el resto tampoco. Es curioso releerte cuando ni te acuerdas de que escribiste... Lo único que ha cambiado es el 15 de mayo. se verá si al final son burbujas independientes unidas por un camino o si de verdad hemos aprendido a romper las individualidades a ratos para darnos la mano...

Cuanta más gente conozco más sola me siento. Podría parecer un oxímoron pero es una de las mayores verdades que he aprendido últimamente. Tan grande que no puedo pensar en embellecerla con juegos de palabras bonitas. Cuanta más gente se preocupa por preguntarme si estoy contenta, más infeliz suelo ser. Imagino que eso es más lógico, con mi habilidad para esconder lo que siento no deberían preguntar si soy feliz, sólo verlo. Al menos están lo suficientemente cerca para ver que no lo soy, hay ya demasiados que simplemente opinan que debo de serlo de una forma tan drástica que no se molestan en mirar si es verdad. Y esto me lleva a la siguiente verdad. A casi nadie le importa el resto lo suficiente como para mirar de verdad, no vaya a ser que lo que vean no encaje en sus planes. La gente pulula por el mundo creyendo que crea vínculos reales, sentimientos verdaderos, y generalmente sólo mantienen aquel que mantiene protegido su trasero.

sí, lo sé, demasiado cinismo para una optimista, para una idealista utópica quizá, perroflauti para ciertos amigos. Pero creo que no hay mérito en el optimismo si se basa en la incapacidad de percibir lo que está mal, las partes negativas, los contras. Racionaloptimista. Y no es que realmente pueda evitarlo, quizá tampoco tiene mérito si es lo que eres. A veces lo evitaría sin duda, harta de navegar en un océano de individualidades ciegas pendientes sólo de su pequeña burbuja, rozando la tuya de vez en cuando lo suficiente como para molestarse en mirar dentro. Hay excepciones, las hay. Quizá de todas formas me gusta demasiado la gente individual, diferente, con algo que decir, como para poder ser feliz. Rebotando entre nosotros en pos de la vida de cada uno, y si nos cruzamos un rato, bienvenido sea depende de con quien es.

Pero tengo sueños, y eso al parecer me incapacita para mi infelicidad. He de estar contenta porque están ahí aunque no sean para mi, la vida pasando mientras los cumplo, perdiendo la partida para jugar con la cartas de otros que recibieron unas malas manos de salida. Al fin y al cabo sólo me importan a mi. O eso me han dicho a veces. Y no tengo derecho a estar cansada, o querer rendirme a veces. Sólo tengo que seguir, y seguir implica que sobrentiendan felicidad, me pregunten si estoy contenta y conozca más gente, ergo, que me sienta más sola mientras la vida sigue avanzando sin mi.

Hay años que pasan sin pena ni gloria, que miras hacia tu último cumpleaños y parece que nada ha cambiado. O eso me han dicho, porque de momento no creo haber vivido ninguno de esos. Imagino que esto último es más bueno que malo, así que no me quejo. Igualmente, hay años en que todo parece haberse dado la vuelta, empezando por tu piel, como un calcetín, o quizá más como una serpiente. A veces eso significa que te queda el alma al aire, se ensucia, se araña, y a veces incluso evoluciona, qué remedio. No sé, creo que tampoco voy a quejarme de esto. Este ha sido de los últimos, por si había lugar a dudas.

Me quedan unos días de este año, y generalmente no le doy mucha importancia, pero este año, con todos sus cambios, con su montaña rusa, es quizá especial. Esta vez no sólo mi pequeño mundo ha variado, esta vez no es sólo el decorado que me rodea, esta vez yo soy distinta. Este año he ido mejorando versiones aún beta de mi, he pasado de Estela 1.7 a un 2.3, con cada uno de sus parches, con su ensayo y error, con sus lágrimas, con sus luces. Quizá esta vez sea necesario de verdad el balance, y cuando me lo planteo sólo sé hacerlo de dos formas, hablando sin parar o escribiendo. Estoy sola en casa, así que...

Mi pequeño mundo de cuatro paredes y tranquilo equilibrio se rompió ya hace muchos meses, y con él me rompí yo. Tardé en decidir, al final me salí de la burbuja, pero fue un parto complicado, lento, doloroso, en el que las heridas parecían no cerrarse nunca. Y al caer, rota y con una máscara de sonrisa que a veces a mi me parecía real de tanto llevarla, resulta que caí en blandito. Como un cachorro aprendiendo a andar, regresé al mundo fuera de mi burbuja y me encontré un montón de gente. Caí en un colchón de hombros, de música, de charlas, de abrazos, de sonrisas, y muchas resultaron ser de verdad. Algunas llevaban ahí tiempo, ya eran conocidas, y miraban entre curiosas y preocupadas por detrás de la máscara. Algunas eran nuevas, aún no sabían mirar más allá, pero siempre estaban ahí intentándolo. A veces tropecé, me llevé algunos rasguños, pero es inevitable sangrar cuando juegas con ganas. Y jugué aún cuando a veces no entendiese las reglas.

La cuestión es que quien me conozca sabrá de lo que hablo, sabrá lo que significa estar rota y que de repente a un montón de gente le importe arreglarte, o al menos mantener las piezas juntitas mientras cicatrizas. Encontrar alguien con quien no hace falta rellenar los silencios. Y me fue creciendo piel nueva para taparme el alma, montaña rusa fuera y dentro, el mundo corriendo a mi alrededor para ponerse al día. Entré en una dinámica de felicidad absurda sin razones.

Quedé atrapada en una oficina, huérfana de vocación sin saber si me la han quitado o la he perdido sin querer. Los días pasan y cada uno termina siendo una especie de minibatalla por sobrevivir, por mantener a flote algo que me importa poco, que sólo es un medio y no un fin. Pero quizá el problema es que no tengo ese fin, esa meta, he perdido la razón. Y quizá ese sea el motivo por el que inicié otra guerra, una con batallas concretas, una con objetivos claros, una con niños cuyas sonrisas importan muchas veces más que la mía. Una por la que luchar aunque el mundo se desmorone. Un sueño de siempre. Y me ha traído alegrías inesperadas, que han tapado de largo la letra pequeña y las partes malas. Alguien me dijo que no existía la verdadera generosidad desprendida, que no existía la solidaridad real. Bueno, pues esta debe ser mi razón oculta, el egoísmo de mi entrega.

Una vida soñando con hacer algo con estas manitas que de verdad mejore las cosas aunque sean mínimamente. Marcar diferencias. Una vida soñando salir de misión internacional, poner ladrillos, crear sonrisas, pero de verdad. Es peligroso vivir ahora para que llegue ese momento, simplemente pasar los días hasta que pueda subirme al avión a Uganda como si a la vuelta todo fuese a estar cambiado, como si la magia de ese viaje fuese el cicatrizante que puede solucionar las brechas de mi vida. Llorar cada vez que se retrasa otro mes, ahorrar migajas para pagar el billete. Así que los deberes para mi primer mes con 29 años son crear otras metas, aunque sea pequeñas. Seguiré soñando con lo mismo, pero fabricaré aquí el resto para que mi vida no sea un mientras o un hasta que.

Al final, este ha sido un año lleno de heridas, pero no ha sido el peor. Ha sido un año lleno de lágrimas, pero no ha sido el peor. Sobre todo ha sido un año lleno de vacíos, pero no ha sido el peor. Y una y otra vez me he dado cuenta que no ha sido el peor porque mi mundo se ha llenado de habitantes, y unos cuantos, no muchos pero más de los que imaginarías, son habitantes de los que importan de verdad, de los que aportan, de los que llegan, de los que se asoman a mirar y me ven. Así que me mantengo en equilibrio, navego las mareas, trato de llenar los huecos y seguir los puntos, evoluciono y crezco, me siento fuerte y frágil, caigo y sonrío.Y mientras, ellos siguen ahí, importándome, queriendo, habitándome. Quizá sin tanta batalla, quizá sin tanto vacío, quizá sin las heridas, me los hubiese perdido.

Al final, en estos últimos meses, aunque nada ha cambiado de fondo, yo he ido evolucionando, curando, creciendo y sobre todo me he aprendido un poco más. Creo que esa es la razón de mi felicidad sinrazón, el motivo de que mi ciclotimia se suavice tanto. Creo que a veces logro el equilibrio. Ya tengo casi finalizado el manual del 2.3. Veo mucho mejor, le cambié las gafas a la intuición, y a veces casi consigo dejarme ayudar, apoyarme de verdad. De repente, creo que la felicidad no es tan difícil de conseguir, sólo nos empeñamos en que lo sea, poniendo trabas y excusas para mantenernos ocupados siendo felizmente infelices.

A la vez que el vacío, al pérdida de horizonte, la soledad, han sucedido tantas pequeñas y enormes cosas, tan bonitas, tan emocionantes, he tenido que dar tantas veces las gracias sintiendo que se me quedaban pequeñas en la boca, he tenido que decir tantos te quiero sabiendo que se quedaban cortos, que estos últimos meses se han hecho grandes y hace tiempo que cuando sonrío me sonríe el alma. Me sigo sintiendo pequeña, siguen faltando cosas, pero ahora sé estar sola, he hecho las paces conmigo y me pedí perdón.

A veces se me olvida, o miro tras las esquinas, dejo salir al vacío, me doy cuenta de que en el fondo nada ha cambiado, pero en general ya no puedo naufragar. Hay demasiadas manos tirando de mi para que nade, y hay demasiadas razones para respirar. Cuando echo de menos un cuerpo entre las sábanas, se me ocurren maneras de encontrar tiritas con vocación de intermitencia. Cuando miro a lo lejos y no veo metas, me las fabrico con orfanatos que me llenan cada centímetro de realidad. Cuando me siento vacía o sola, tiendo la mano porque en algún momento alguien que me importa la coge. Cuando me entran ganas de esconderme tras máscaras de felicidad, me recuerdo que he firmado un pacto de sinceridad, y dejo de mentirme. Para qué voy a hacerlo. Ahora hay gente que ve.

Haciendo balance... Ha sido un año completo. Un año en el que he crecido de nuevo, he despertado. Busco el equilibrio y lo pierdo, nada ha cambiado pero a la vez, todo es distinto, y aunque absurdamente quizá, sigo aferrada a una felicidad que ahora la mayoría del tiempo es muy de verdad aunque no tenga motivos. Y entonces ya, que venga la marea que quiera, que se me llene el calendario de días rojos, yo tengo mis Tiffany's.

Cita al tema para freaks (a ver quién adivina de dónde la he sacado):

"Every cell in the human body regenerates on average every 7 years. Like snakes, in on our way we change our skin. Biologically we are brand new people. We may look the same, we probably do. The change isn't physical, at least not in most of us, but we are all changed completely forever [...] When we say things like people don't change, it drives scientist crazy, because change is literally the only constant in all science. Energy, matter, is always changing, morphing, merging, growing, dying... is the way people try not changing that's unnatural. [...] Change is constant. How we experience change is up to us..."

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