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Llegas como lluvia a mi ventana, precedido de destellos, quizá seguido de truenos, tocando mi cristal como si fuese un instrumento, dispuesto a sacarle melodía a la tormenta.

Acaricias el alfeizar como tus zarpazos de agua, pero cuando alzo la vista, ya sólo quedan rastros de las gotas que huyeron. Nada más. Quizá ignoras, maybe not, que anhelo la lluvia desde que recuerdo. Quizá ya sabes que abro las ventanas cuando el primer relámpago rasga la noche, dejando heridas en la oscuridad de mi retina.

A veces salgo corriendo cuando siento ese aroma a tierra mojada, cuando los árboles empiezan a bailar con la brisa húmeda, la canción de sus hojas preludio del concierto que vendrá. El trueno rompiendo la paz con su grito. El aire cargado de un olor primigenio, hormona de la naturaleza.

Salgo corriendo a calarme de libertad, a que me besen las gotas con sus labios de nube, con la piel de gallina, encerrando un alma de punta que no quiere estar encadenada. Y espero, espero el rocío del agua en mi pelo, perlando mi risa con húmedo llanto, la lluvia cantando sobre la tierra desnuda, y me sobra la ropa, y me sobran las dudas, y me faltan caricias para compartirlas a oscuras.

Salgo porque soy libre de limpiarme la vida como quiera, de mojarme de sueños en medio de la tormenta. No es la melodía de tus dedos en el cristal lo que me hace salir corriendo, anhelante, deseosa. La lluvia en la ventana, fugaz, no es más que un juego. Es el baño de húmeda libertad, es la tempestad misma lamiendo mi piel, lo que quiero. El resto es sólo distintas gotas, misma canción.

Locura. Sentada como un árbol sobre sus raíces, el jersey negro acariciando mis muslos desnudos sin que yo me dé cuenta, los ojos dormidos abiertos... y la lluvia cantando sobre el cristal de mi ventana, llamándome para que salga y la bese en la boca. Intento resistirme a su canto de sirena, porque es locura lo que siento creciendo con cada nota, con cada escalofrío en mi piel estremecida. Locura. Pero no tiene sentido resistirse a algo que ha habitado el mundo antes que los sueños,antes que la tierra, antes que las nubes mismas.

Y aquí estoy, mis ojos despiertos cerrados, hundida en un mar de lluvia, mi jersey negro chorreando sobre los muslos desnudos sin que yo me dé cuenta, sentada como un árbol sobre sus raíces... y la lluvia lamiendo mi cuerpo con su lengua cristalina, cantándome al oído sus palabras de fuego. Intento resistirme a sus versos de ninfa, pero es locura lo que siento creciendo con cada sílaba, con cada gota en mi piel mojada. Locura. Pero no tiene sentido resistirse a algo que ha habitado mis sueños antes que el futuro, antes que la risa, antes que las nubes mismas.

Y aquí estoy, caminando como un ángel sobre su reino, mi jersey negro olvidado sobre una silla mojada sin que yo me dé cuenta, los ojos helados ardiendo... y la lluvia jugando sobre mi piel de seda blanca, dibujando con los dedos en mi cuerpo desnudo. Ya no intento resistirme a sus besos de dama, porque es locura lo que siento adueñandose de mí con cada caricia, con cada beso sobre la hierba empapada. Locura.

Porque no tiene sentido resistirse a algo que te posee con la fuerza de un amante, y te limpia por dentro con su fría ansiedad. Temo el final de tan ansiado baño de lluvia, la brisa envidiosa intenta robarme sus besos, y la lluvia va muriendo, su ardor apagado, su tarea terminada, se retira a sus aposentos como la dama que es, y se despide de mi cuerpo desnudo y frío con su indiferencia.

Adios; vuelve pronto. Escríbeme. Y se va. Locura.

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